Más de 400 personas se reúnen en el Claver de Lleida en la tercera edición del Aplec Ignasià

El domingo 15 de marzo, el colegio Claver de Lleida acogió la tercera edición del Aplec Ignasià, una jornada festiva y celebrativa que reúne, una vez al año, a personas vinculadas a las diversas instituciones, comunidades e iniciativas de la Compañía de Jesús en Cataluña inspiradas en la espiritualidad de san Ignacio de Loyola. Más de 400 personas de todo el país participaron en este encuentro, que este año ha tenido como anfitrionas a las comunidades y obras de la Compañía de Jesús en Lleida.

El Aplec Ignasià es una jornada abierta a todas las edades, pensada para compartir, celebrar y fortalecer vínculos. En esta edición, el hilo conductor ha sido el 50.º aniversario de la formulación de la misión fe-justicia, recordando la figura de san Pedro Claver y de otros testigos que han hecho de su vida un compromiso vivo entre fe y justicia.

La preparación de la jornada, desde la Comunidad de Misión Lleida, se ha articulado a través de tres grupos que han liderado distintos ámbitos del Aplec: el grupo Eco-misión, el Centro de Esplai Sant Ignasi y el colegio Claver. De este modo, el encuentro también ha sido expresión de lo que la misión de Lleida vive en el día a día: una vida comunitaria compartida entre obras, sensibilidades y generaciones diversas.

El grupo Eco-misión, que desde hace tres años trabaja en el territorio de Lleida el estudio y la aplicación práctica de la Laudato si’ y el cuidado de la casa común, fue el encargado de proponer las caminatas contemplativas por el entorno del Valle de la Clamor. Introducidos por Marta Trepat, estos paseos invitaban a vivir un tiempo de silencio consciente, de atención a los sentidos y de apertura a la conexión con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios.

Paralelamente, el Centro de Esplai Sant Ignasi dinamizó las actividades destinadas a niños, adolescentes y jóvenes, con una propuesta que les permitió adentrarse en la figura de san Pedro Claver, el santo jesuita catalán. El colegio Claver, por su parte, abrió sus espacios y patios para acoger la jornada e hizo posible también un itinerario cultural por algunos de sus tesoros menos conocidos. Acompañados por Eloi Aran, Roger Torres y Mireia Torres, los participantes pudieron descubrir la obra del P. Enric Comas SJ, arquitecto, y de Cinto Casanovas SJ, escultor, dos nombres destacados en el patrimonio artístico del centro.

Después de las actividades, todos los participantes se reunieron para la eucaristía, presidida por el delegado de los Jesuitas en Cataluña, Pau Vidal, y concelebrada por varios jesuitas presentes en el encuentro. La homilía corrió a cargo de Alexis Bueno y contó con una participación destacada de los niños y niñas. Uno de los momentos emotivos fue la intervención de Josep Rambla, que había formado parte del primer grupo de jesuitas que llegaron en 1953 a vivir al Claver, en sus inicios aún en construcción, cuando era casa de formación de religiosos. La jornada se clausuró con un almuerzo de hermandad.

Pau Vidal, delegado de los Jesuitas en Cataluña, destaca sobre todo “el valor de la dimensión celebrativa y comunitaria, tan necesaria en este mundo violento y sacudido por tantos conflictos y guerras absurdas”. Remarca también que “espacios como los vividos durante el Aplec nos ayudan a seguir sosteniendo la esperanza cristiana y a trabajar día a día por el Reino de Dios, ya que nos hemos reconocido y reencontrado como personas comprometidas con la vida, la justicia, la fraternidad y la paz, cada uno desde su realidad cotidiana”.

Para Roger Torres, superior de los jesuitas en Lleida, el Aplec ha sido una oportunidad para compartir con el conjunto de la Compañía de Jesús en Cataluña aquello que la comunidad de misión de Lleida vive cotidianamente: “nuestra vida en comunidad”, con la riqueza de reunir a personas “de todas las franjas de edad”. Esta dimensión intergeneracional, visible a lo largo de toda la jornada, ha sido precisamente uno de los rasgos más valorados por los participantes.

Desde la escuela que ha acogido el encuentro, Jesuitas Lleida-Col·legi Claver, su directora Lourdes Torrelles ha vivido la jornada como una experiencia que fortalece la comunidad de una manera muy transversal. “Nos hace conscientes de la diversidad y, al mismo tiempo, renueva la misión común, impulsando el compromiso de todos”, asegura. Para ella, “el carácter festivo culmina en el momento de encuentro alrededor de la mesa de la Eucaristía, donde compartimos la alegría de la fe y nos unimos en un solo cuerpo, preparados para continuar el camino con renovada esperanza y fraternidad”.

En las impresiones recogidas después del Aplec aparece, sobre todo, mucho agradecimiento por la acogida y la organización, que han permitido celebrar la alegría del reencuentro y el sentimiento de formar parte de una misma familia ignaciana. En todas las personas participantes se percibe la convicción de que espacios como este refuerzan una comunidad diversa pero profundamente unida por una misma experiencia de Dios que nos impulsa a la misión.

Desde el equipo organizador, Marta Baylina, profesora de Esade e implicada en las tres ediciones del Aplec, destaca “la gran acogida de la comunidad de Lleida” y “la constatación del firme y vivo compromiso social de la Compañía”. Mirando la jornada “entre bambalinas”, subraya especialmente los pequeños grandes gestos que hacen comunidad: la implicación de los monitores, el servicio de los jóvenes, la participación coral en la eucaristía o “el buen ambiente que se respiraba en todo el comedor”, que define como “de verdadera familia”. Para ella, el Aplec es sobre todo “un espacio de refuerzo del sentimiento de pertenencia a esta gran familia, diversa y rica, que es la familia ignaciana”.

Oriol Jiménez, educador de Jesuïtes Casp, también pone el acento en esta experiencia de cuerpo compartido: “Valoro poder sentirnos familia, sentirnos comunidad de misión”. Destaca la comunión vivida con otras familias, instituciones educativas y sociales, así como la alegría de reencontrarse con jesuitas y otras personas con quienes hacía tiempo que no coincidía. Del día, subraya especialmente el camino contemplativo, “que ha sido un regalo”, y una eucaristía “muy coral, muy sencilla y muy acogedora”, que, según dice, “ha sabido testimoniar y encarnar de manera muy vivencial el sentido de la fe y la justicia”.

Para Toni Soler Ricart, miembro de la CVX Berchmans y consiliario en el Casal Loiola, la vivencia principal es la de la “alegría y satisfacción de reencontrarse con tantas buenas personas queridas, juntas y unidas en un mismo espíritu y proyecto”. El momento más significativo fue, también para él, el paseo contemplativo: “todo invitaba a sentirse uno con toda la creación y a disfrutar de la presencia, la fuerza y el amor de Dios en todo”. Su mirada aporta, además, un acento espiritual y eclesial: celebrar la fe con otras personas que comparten camino “siempre alimenta y ayuda a seguir caminando”.

Eusebi Fortuny y Mariona Font, miembros de la comunidad cristiana Sant Pere Claver del Clot, nos hacen llegar sus impresiones sobre lo que ha supuesto la participación de las familias con niños. Para ellos, el Aplec tuvo también un fuerte componente afectivo y biográfico: estar en el Claver significó un “regreso a casa”, un lugar decisivo en su historia personal y compartida. Destacan el “reencuentro con mucha gente” y un claro sentimiento de “comunidad de comunidades”. Al marcharse, explican que se llevan “mucho agradecimiento” y “alegría por ver también a nuestros hijos disfrutar del espacio y de la experiencia”. Desde su experiencia familiar, valoran muy positivamente la propuesta diferenciada para mayores y pequeños, y afirman que “tener espacios separados para mayores y pequeños fue un lujo”, destacando el trabajo del equipo de monitores y monitoras.

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