La alegría de las ordenaciones sacerdotales, en Barcelona

Seguramente una de las cosas más bonitas de las ordenaciones sacerdotales es ver el cambio en el rostro de quienes son ordenados. Cuando termina el rito y reciben el abrazo del obispo y de sus compañeros, la tensión y los nervios acumulados durante los días previos dan paso a la alegría sincera de un rostro sonriente y relajado.

Es lo que hemos visto esta mañana en la iglesia del Sagrado Corazón de Barcelona en los rostros de los jesuitas Luis Argila y Alex Escoda, y del escolapio Albert Moliner, que han recibido la ordenación sacerdotal en una celebración sencilla y emotiva. Ha sido presidida por el obispo auxiliar de Barcelona, Mons. David Abadías, y concelebrada por los superiores provinciales de los jesuitas y de los escolapios, Enric Puiggròs y Jordi Vilà, respectivamente, así como por numerosos compañeros sacerdotes. Familiares, amigos y amigas han llenado a rebosar la iglesia de la calle Casp, donde también ha habido una relevante presencia de la vida religiosa catalana, con numerosas religiosas.

La alegría que hoy se dibujaría con tanta claridad en el rostro de los tres nuevos sacerdotes ha sido también el punto de partida de la homilía del obispo David Abadías. Tras los intensos días vividos con la visita del Santo Padre, ha sido todavía una alegría más poder tener esta celebración, decía. A continuación, se ha dirigido a los tres protagonistas para recordarles que su vida está entregada a Dios, para alabarlo sirviendo a los demás. El mandamiento de amar a Dios y a los demás tal como él nos ama, ha dicho, “debe estar profundamente arraigado en vuestra vocación”. Resonaban todavía en todo ello las palabras del Papa, en su reciente visita, sobre la cruz de Jesucristo y los crucificados de nuestro mundo, porque todo servicio a la Iglesia, también el servicio presbiteral, solo se entiende desde esta mirada a los últimos.

El obispo también ha recordado a san Ignacio de Loyola y a san José de Calasanz, fundadores respectivamente de los jesuitas y de los escolapios, que “son para vosotros testigos y guías: bajo su luz, la luz de su carisma, encontraréis fuente de sabiduría”. A la luz de estos testimonios, ha insistido en que “os estáis entregando a un Amor tan grande que debe llenar enteramente vuestra vida”. Y, recordándoles que “es Dios quien nos ha amado primero”, les ha invitado a velar por una libertad que rompa cadenas internas, esclavitudes y sujeciones mundanas, que son “cadenas tercamente recurrentes”. En este camino de seguimiento, Mons. Abadías ha situado la humildad como una actitud fundamental del ministerio sacerdotal, recordando los tres grados de humildad de los Ejercicios espirituales de san Ignacio, como una invitación a configurar la propia vida con Cristo desde el servicio, el desprendimiento y la disponibilidad. Siguiendo a san Ignacio y a san José de Calasanz, les ha alentado a ser auténticos servidores de Cristo y de su Iglesia.

El momento de la ordenación presbiteral ha sido, como siempre, especialmente emotivo. El canto de las letanías, con quienes se ordenaban postrados en el suelo; la imposición de manos del obispo y, a continuación, del resto de sacerdotes; y la plegaria de ordenación han sido imágenes e instantes cargados de fuerza. También lo ha sido ver cómo los familiares más cercanos les entregaban los ornamentos presbiterales, la casulla y la estola, para que pudieran vestirlos ya como sacerdotes. Después de recibir también el cáliz y la patena, el abrazo de la paz ha cerrado el rito de la ordenación, antes de continuar con la liturgia eucarística.

Al finalizar, como no podía ser de otro modo, se han escuchado palabras de agradecimiento. Luis Argila ha tomado la palabra en nombre de los dos jesuitas, él mismo y Alex Escoda, para dar gracias a Dios por la vocación recibida como religiosos y sacerdotes, y también a sus familias, al obispo y a la Iglesia de Barcelona. Ha recordado especialmente esta Iglesia particular donde, “poco a poco y de muchas maneras, el buen Dios fue dando forma a nuestras vocaciones por medio de los sacramentos que recibimos a lo largo de los años en nuestras parroquias de origen”.

También ha dirigido palabras de agradecimiento a los compañeros jesuitas y a todas las personas que les han acompañado en su camino vocacional. Y ha concluido con unas palabras que, según ha dicho, expresan bien lo que sienten hoy y el modo como quieren mirar al futuro. Son las palabras que Pedro Arrupe pronunció antes de morir: “para el presente, amén; para el futuro, aleluya”. En ellas, ha dicho, se expresa la confianza en la voluntad de Dios y una esperanza alegre ante el futuro.

Por su parte, el escolapio Albert Moliner también ha querido tener un recuerdo especial para las personas que ya no están entre nosotros. Y ha agradecido de una manera particular que la ordenación se haya podido celebrar conjuntamente con la Compañía de Jesús, recordando cómo diversos jesuitas han sido referentes y maestros para él, como José I. González Faus, que dirigió su tesis, Rafa Sivatte o Josep Vives, entre otros. También ha citado a religiosas que han sido importantes en su recorrido, como Maria Pau Trayner o Viqui Molins.

Las palabras finales de Albert Moliner han expresado bien la alegría compartida de esta celebración conjunta entre dos familias religiosas tan arraigadas en Cataluña. Una alegría que ha recorrido toda la celebración y que se ha hecho visible, sobre todo, en el rostro de los tres nuevos sacerdotes.

Las imágenes de la celebración se irán publicando aquí.