Aprender a discernir en común para transformar la manera de tomar decisiones

Tomar una decisión en común no consiste únicamente en poner opiniones sobre la mesa y buscar un acuerdo. Exige formular bien la pregunta, escuchar qué genera cada aportación, no precipitar las conclusiones y estar dispuestos a dejarse transformar durante el proceso. El discernimiento comunitario es, en palabras del jesuita Josep M. Rambla, una sabiduría práctica que transforma la manera de vivir.

Desde el curso 2021-22, EIDES —la Escuela Ignaciana de Espiritualidad de Cristianisme i Justícia— mantiene un espacio de aprendizaje sobre el discernimiento en común. En cada edición, la convocatoria reúne a un nuevo grupo de unas quince personas que comparten seis sesiones de trabajo. El grupo está formado por laicos y laicas, religiosos y religiosas vinculados a entidades sociales y eclesiales, universidades e instituciones educativas. Cèlia Sentís, directora de Pastoral de Jesuïtes Educació, ha valorado especialmente la diversidad de trayectorias y contextos.

Crear una cultura del discernimiento

El trabajo tiene un carácter fundamentalmente práctico. En cada sesión se presenta una experiencia concreta de discernimiento. Puede tratarse, por ejemplo, del desarrollo de un proyecto, de una situación controvertida o de un proceso de adaptación. Cada caso permite revisar el planteamiento, los criterios, los aciertos y las dificultades. A continuación, el resto del grupo aporta sus resonancias, no tanto para ofrecer una solución al caso como para ayudar a leerlo con mayor profundidad. Los acompañantes de esta edición han sido Josep M. Lozano, Josep M. Rambla, Pau Vidal, Montserrat Massó y Laura Rius. Su tarea ha consistido en orientar el trabajo y ayudar al grupo a reconocer las condiciones que hacen posible un auténtico discernimiento comunitario.

Al finalizar esta edición, Cèlia Sentís constata que el discernimiento comunitario es «una herramienta útil que hay que ir probando y practicando». Insiste en que no se trata únicamente de aplicar puntualmente una metodología, sino de ir generando una cultura que transforme la manera en que los equipos escuchan, deliberan y toman decisiones.

Esto implica, en primer lugar, tener clara la pregunta que se quiere discernir y evitar anticiparse a la respuesta. «No hay que tener prisa, pero al mismo tiempo es necesario establecer un calendario claro y cerrado», explica Sentís. El proceso necesita tiempo para escuchar y dejar reposar las aportaciones, pero también unos límites que permitan llegar a una decisión.

Otra de las claves es la disposición a compartir y a permitir que las aportaciones de los demás cuestionen o modifiquen la propia mirada. No se busca simplemente defender argumentos, sino abrir un espacio en el que pueda emerger una comprensión compartida. También son necesarios el silencio, la oración y la atención a los sentimientos, intuiciones, resistencias o cambios de ánimo que aparecen durante el proceso.

Dos publicaciones sobre el discernimiento en común

A lo largo de este curso, además, EIDES ha profundizado en el trabajo sobre la práctica del discernimiento comunitario con dos publicaciones.

Por un lado, el cuaderno El discernimiento en común. Aportación ignaciana a la sinodalidad, en el que el jesuita Francisco José Ruiz, recorriendo la vida de san Ignacio, ilustra el paso de la fe personal a un «nosotros» eclesial y compartido.

Por otro lado, el trabajo del grupo en ediciones anteriores ha dado lugar a una publicación de la colección virtual. Bajo el título Discernimiento en común. Siete historias en contextos diversos, Josep M. Lozano, Laura Rius y Montserrat Massó han recogido siete casos que expresan los distintos procesos generados en las conversaciones.