Cerca de cuarenta personas participaron el viernes 20 de marzo en una nueva edición de la Vigilia y Caminata de Montserrat a Manresa, una propuesta que, desde hace 38 años, actualiza el paso de san Ignacio por Montserrat y Manresa e invita a releer hoy su experiencia espiritual.
El encuentro comenzó en el Santuario de Montserrat, con una vigilia de oración ante la Virgen, en un clima de recogimiento y conversión. Al día siguiente, los participantes iniciaron la caminata hasta Manresa, siguiendo simbólicamente el itinerario que realizó Ignacio de Loyola en marzo de 1522. La convocatoria, vinculada a las fechas próximas a la solemnidad de la Anunciación, sigue siendo una propuesta significativa dentro de la pastoral ignaciana, inspirada por una tradición que durante años mantuvo viva la memoria de este gesto hasta que, en 1987, la pastoral juvenil de la Compañía de Jesús en Cataluña asumió su organización.
Este año, la vigilia quiso poner también en relación esta experiencia con otra efeméride significativa: los cincuenta años del decreto cuarto de la Congregación General 32 de la Compañía de Jesús, en el que se formulan los vínculos inseparables entre fe y justicia. Uno de los textos propuestos recordaba que “caminando paciente y humildemente con los pobres aprenderemos en qué podemos ayudarles, después de haber aceptado primero recibir de ellos”, una intuición que conecta profundamente con la experiencia ignaciana.
Esta mirada centró la oración personal de la vigilia, articulada en torno a la petición “enséñanos a servir humildemente”. La propuesta subrayaba que no basta con canalizar la generosidad, sino que es necesario aprender a servir de manera adecuada, dejándose transformar por el encuentro con los demás, especialmente con las personas más vulnerables.
En este contexto, la vigilia contó también con el testimonio de Rosa y Julià, matrimonio vinculado a la Compañía a través de la enseñanza universitaria. En su intervención, compartieron cómo el “servicio humilde” ha marcado su trayectoria personal y profesional, a menudo a través de renuncias, cambios no previstos y disponibilidad ante las necesidades de las personas y de las instituciones. Destacaron también cómo la escucha activa de alumnos, compañeros y realidades vividas les ha ayudado a descubrir una vida diversa, compleja, gozosa y, en algunos momentos, también sobrecogedora.
El testimonio incorporó asimismo una reflexión sobre la pobreza y sobre la forma en que la sociedad se relaciona con ella. En este sentido, se evocó la palabra “aporofobia”, popularizada por la filósofa Adela Cortina, para referirse al rechazo a la pobreza y a las personas pobres. La cuestión, planteada en el marco de la vigilia, interpelaba directamente a los participantes sobre la calidad de su servicio y su capacidad de amar.
La jornada culminó así como una invitación a recorrer el camino de Ignacio no solo físicamente, sino también interiormente: desprenderse de las propias seguridades, aprender de los pobres y pedir la gracia de un servicio más humilde, cercano y evangélico.