Un encuentro para hacer “comunidad de comunidades”

Este domingo 16 de marzo ha tenido lugar en Sant Cugat la segunda edición del Aplec Ignasià, una jornada festiva y celebrativa, que reúne a personas vinculadas a las diversas instituciones, comunidades e iniciativas de la Compañía de Jesús en Cataluña. Este año la temática ha sido el cuidado de la casa común y cómo avanzar hacia una ecología integral que, de hecho, es una de las preferencias apostólicas universales de la Compañía.

Al acabar la jornada, una de las personas más implicadas en la organización definía con estas palabras su sensación: “Cuando era pequeña mi madre me contaba cuentos que siempre terminaban de la misma manera: … y volvieron a casa muy cansados ​​pero muy contentos. Hoy ha sido un día de cuento y así es como me siento. Pero lo más importante no es el resultado, si no el camino y recorrerlo junto a vosotros ha sido un gozo". 

Efectivamente, el segundo Aplec de la familia ignaciana en Cataluña ha dejado muy buenas sensaciones. Primero, por las más de 300 personas que se han reunido, procedentes de los diversos lugares donde la Compañía de Jesús está presente. Y en segundo lugar, por el clima festivo, con actividades bien diversas: lúdicas, la visita al claustro y recinto del Monasterio de Sant Cugat, la explicación de los 75 años de historia del Centro Borja... y como culminación, la Eucaristía que se ha celebrado en plena naturaleza en los jardines Laudato Si, bien participada y muy sentida.  

Después de la comida y de los agradecimientos a todas las personas que han hecho posible este encuentro, como clausura se ha plantado un laurel conmemorativo, pidiendo en la oración de bendición que el árbol arraigue como queremos arraigar nosotros en el Señor, y que su sombra dé acogida y esperanza como queremos ofrecer nosotros. Los participantes se han llevado también unas semillas de caléndula para plantar en casa, como símbolo de la fe cristiana que vivimos y queremos compartir.

Este segundo Aplec acaba pues, constatando cómo la buena voluntad, generosidad y con personas tan implicadas se pueden hacer cosas preciosas, como la celebración de esta jornada. En un tiempo en el que necesitamos espacios de vinculación, de cultivar el sentido de pertenencia, de celebración de la fe y de generar comunidad, este encuentro ha permitido avanzar en un sentimiento de pertenencia a algo más grande. Seguimos creciendo como comunidad de comunidades ignacianas dentro de la Iglesia, y nos sentimos impulsados a vivir en misión sinodalmente.