Cristianisme i Justícia acogió el lunes 16 de marzo, en Barcelona, la presentación del cuaderno Entre la parroquia y la fábrica: testimonios de curas obreros, una nueva publicación de su colección virtual. El volumen recoge el testimonio de once curas obreros —entre ellos los jesuitas Ramir Pàmpols, Isidre Ferreté y Jesús Lanao— y recupera una experiencia eclesial y social especialmente significativa a partir de los años sesenta y setenta, cuando diversos sacerdotes optaron por incorporarse al mundo del trabajo y de la vida obrera, compartiendo las condiciones de vida de la clase trabajadora.
La mesa reunió a dos de los testimonios recogidos en el libro, el jesuita Ramir Pàmpols y el sacerdote Pepe Rodado, el último cura obrero en activo en Cataluña, junto con el jesuita Josep M. Rambla, autor del prólogo, y el historiador Josep M. Bigatà. También participaron el obispo de Tortosa, Mons. Sergi Gordo, responsable de la Comissió Interdiocesana de l'Apostolat Seglar (CIAS) y autor del epílogo del cuaderno, y el director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Ramon Bassas.
En el saludo inicial, el director de Cristianisme i Justícia, José Ignacio García, definió el acto como “un acto con un punto de nostalgia” que, al mismo tiempo, debe ayudar “a mirar hacia adelante”. La publicación y el encuentro pusieron de manifiesto el deseo de preservar un legado que sigue siendo inspirador para el presente.
Maria Labèrnia, en representación de las entidades del sector social de los jesuitas en Cataluña, agradeció la publicación y recordó la huella que sacerdotes y religiosas que tomaron esta opción han dejado también en las obras sociales de la Compañía de Jesús. Una presencia que, señaló, sigue interpelando e inspirando.
El historiador Josep M. Bigordà situó el fenómeno en su contexto y destacó la generosidad de los testimonios. Según remarcó, la experiencia de los curas obreros transformó no solo a sus protagonistas, sino también la manera de vivir el cristianismo en Cataluña.
“Una experiencia vital desbordante”
Ramir Pàmpols evocó aquellos años como una experiencia “vital” y “desbordante”, vivida desde un fuerte compromiso humano, eclesial y político. Reivindicó la importancia de no perder las intuiciones de los curas obreros: la de un “estar con” sin límites, plenamente incorporados a la vida obrera y presentes en sindicatos, partidos y organizaciones vecinales, compartiendo la condición de trabajadores. En este sentido, como jesuita quiso señalar que, dentro de la Compañía de Jesús, probablemente fue Pedro Arrupe quien mejor comprendió el significado profundo de aquel compromiso.
Pepe Rodado explicó que su itinerario había sido diferente al de muchos otros curas obreros: antes que sacerdote, ya era trabajador e hijo de clase obrera. De esta experiencia vital nació primero la conciencia obrera y, después, la vocación sacerdotal. “Yo quiero vivir con mi gente, estar en medio de ellos”, afirmó, reivindicando también que esta manera de vivir el ministerio no debería quedar fuera de la formación de los futuros sacerdotes.
Sin haber sido cura obrero, pero sintiéndose muy cercano a ellos, el jesuita Josep M. Rambla habló desde el agradecimiento y definió la experiencia de los curas obreros a partir de dos claves: la misión y la encarnación. Salieron de una Iglesia conservadora, dijo, para contribuir a hacer de ella una Iglesia evangelizadora, y se adentraron en el mundo obrero no solo por solidaridad, sino “haciéndose uno de ellos”. Según Rambla, su vida y compromiso han tenido un impacto relevante en la opción preferencial por los pobres dentro de la Iglesia y en la capacidad de denuncia evangélica.
Agradecimiento, reconocimiento y voluntad de mantener viva su memoria.
La fila cero completó este ejercicio de memoria con las intervenciones de la activista Pilar Massana, la religiosa de la Compañía de María Anna Saumoy y Èrika Fabregat, miembro de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). Reivindicaron especialmente el papel de las religiosas de barrio, la vida compartida en los barrios populares y la contribución de estas presencias a la construcción de comunidad, de vínculos y de un cristianismo encarnado en la vida cotidiana.
Ramon Bassas se sumó a este tono de agradecimiento y remarcó que sin este movimiento el cristianismo en Cataluña “habría sido otra cosa”. Como director general de Asuntos Religiosos, insistió y nos comprometió en la importancia de recuperar su memoria, también en lo que respecta a las religiosas obreras, y de reconocer el impacto que esta experiencia ha tenido tanto en la vida eclesial como en la vida social del país.
En la clausura, Mons. Sergi Gordo, obispo de Tortosa, apeló a la necesidad de ser conscientes de las propias raíces y vinculó este legado con los conflictos del presente. Desde su experiencia personal, como hijo de una familia trabajadora migrante que vivió en Cornellà, asumió el compromiso de contribuir a dar a conocer esta historia y a mantener viva su memoria.
El libro se puede descargar gratuitamente en este enlace.