Una teología desde la realidad para dar razón de la esperanza

Emilce Cuda inauguró este miércoles 30 de septiembre el curso de Cristianisme i Justícia proponiendo una teología capaz de leer el cambio de época desde la realidad y las fronteras, y de ofrecer razones para la esperanza y la fraternidad. A partir de la doctrina social de la Iglesia y de las aportaciones de los últimos pontificados, especialmente de Francisco y León XIV, la teóloga argentina reivindicó una teología que contribuya a generar una cultura de diálogo y negociación.

¿Qué claves necesita una teología para nuestro tiempo? Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina y una de las voces más destacadas de la teología actual, respondió a la pregunta que daba título a la conferencia inaugural del curso académico de Cristianisme i Justícia. Dos ideas atravesaron toda su intervención: la teología debe hacerse desde la realidad, con el pueblo y desde las fronteras; y una de sus tareas fundamentales es dar razón de la esperanza.

La realidad que interpela a la teología

Antes de abordar el papel de la teología hoy, Cuda invitó a mirar el contexto actual. En pocas décadas se han producido profundas transformaciones que no son solo una sucesión acelerada de cambios, sino, recuperando una expresión repetida por Francisco, un auténtico «cambio de época».

El salto tecnológico transforma los modos de producción, las relaciones de poder o las formas de relacionarnos, mientras que los instrumentos políticos, jurídicos y económicos existentes tienen dificultades para gobernar esta nueva realidad. El resultado son procesos crecientes de desestabilización. Ante este escenario, Cuda se pregunta si, cuando hacemos teología, partimos realmente de esta realidad o seguimos pensando desde las categorías del siglo XX. Si en la calle se habla de inteligencia artificial, algoritmos, tierras raras o criptomonedas, la teología no puede ignorar estas realidades ni los cambios que comportan, afirmó. «El teólogo es interpelado por una realidad nueva».

¿Quién ordena el caos?

El cambio de época genera, según Cuda, un escenario de desestabilización, confusión y caos. Y en este contexto se produce una lucha por ver quién ordena ese caos, en la que aparecen «falsos dioses». La teóloga argentina relacionó esta cuestión con el retorno de lo religioso al espacio público. Hoy los discursos religiosos y morales vuelven a tener una presencia notable en la política y en el debate social, pero «¿quién está ocupando hoy el lugar de la teología?», se preguntaba. Al mismo tiempo, reivindicaba su función crítica: «cuando hacemos teología tenemos que cuestionarlo todo».

«El teólogo no puede quedarse balconeando la vida»

Citando a León XIV, insistió en que hacer una teología seria exige dedicar tiempo a observar la realidad. Y recuperó de Francisco una imagen que lo ilustra bien: el teólogo como alguien que «ausculta» la realidad, porque, dijo, no se trata de hacer una teología del pueblo, sino de hacer teología con el pueblo y en las fronteras, allí donde aparecen nuevos lenguajes, conflictos y preguntas. El teólogo no puede, en palabras de Francisco, quedarse «balconeando la vida».

Cuda insistió también en la necesidad de poner a Jesucristo en el centro y de vincular el estudio teológico con la oración y la experiencia espiritual. La teología debe dialogar con la ciencia, la economía, la cultura o la tecnología, pero sin perder aquello que le es propio. En este sentido, alertó del crecimiento de una espiritualidad desencarnada, desconectada de los cuerpos, de las relaciones y de las condiciones concretas de vida.

Dar testimonio y aprender a discernir

La tarea del teólogo no consiste solo en producir conocimiento. Para Cuda, está llamado también a dar testimonio de la doctrina social de la Iglesia, defendiendo la dignidad humana y luchando contra la injusticia social. Y este testimonio no corresponde únicamente a los especialistas, sino a todo el pueblo de Dios.

En una sociedad saturada de información, intereses y relatos enfrentados, aparece también otra tarea urgente: elaborar criterios de discernimiento para no ser engañados.

Y es aquí donde Cuda situó una de las grandes aportaciones de la teología al presente: dar razones de la esperanza. La esperanza cristiana, afirmó, es una virtud teologal que puede descubrirse precisamente allí donde parecería más difícil encontrarla: en personas y comunidades que, incluso después de haberlo perdido todo, vuelven a organizarse, a confiar y a caminar juntas. Cuda definió en este sentido a los teólogos como «organizadores comunitarios de esperanza».

Sin reconocimiento no hay diálogo

Dar razón de la esperanza conduce necesariamente a la fraternidad y al diálogo. Pero Cuda se detuvo en una condición previa: el reconocimiento del otro como interlocutor válido. La teología, por tanto, debe contribuir también a generar las condiciones culturales y espirituales que permitan escuchar, discernir, negociar y buscar acuerdos.

Del caos a la decisión

En la última parte de la conferencia, Cuda dio un paso más. Recuperando categorías de la teoría política, señaló que los momentos de caos y desestabilización desembocan finalmente en un momento político: aquel en el que ya no basta con interpretar lo que ocurre y es necesario tomar una decisión. Es el momento de actuar.

En Magnifica Humanitas, Cuda ve una llamada explícita a actuar con urgencia, de la que se desprende una tarea concreta para la teología: construir un movimiento de reflexión y acción capaz de generar una cultura de la negociación.

Si la teología debe dar razón de nuestra fe, eso significa hoy dar razones de la esperanza y de la fraternidad. Razones para la esperanza en un tiempo en el que muchas personas, especialmente los jóvenes, tienen dificultades para imaginar un futuro. Y razones para la fraternidad en sociedades donde sentarse a hablar con quien piensa diferente resulta cada vez más difícil.

La ponencia de Emilce Cuda abre el curso académico 2026-2027 de Cristianisme i Justícia, en el que el centro celebra 45 años de historia. Su director, el jesuita José Ignacio García, recordó que la aportación propia del centro pasa por la reflexión, el diálogo, el análisis y la construcción de puentes, siempre con la voluntad de comprender mejor la realidad y contribuir a transformarla. Manu Andueza, coordinador del Área de Teología, que acompañó y presentó a la ponente, presentó a su vez Cristianisme i Justícia como un espacio de encuentro y de preguntas, convencido de que solo desde la capacidad de interrogarnos podemos seguir creciendo y buscando respuestas significativas para nuestro tiempo.